Hollande_AFPQué tienen en común un boomerang e intentar censurar una imagen. ¿Aparentemente nada? Concretamente mucho. Al censurar una imagen, al igual que cuando tomamos al artilugio australiano entre nuestras manos, intentamos lanzarlo lo más lejos posible, procurando evitar los problemas, pensando que llegará lejos… Para los que no somos muy duchos en el empleo del boomerang, el retorno del mismo casi se convierte en una ilusión, algo aspiracional, sin embargo, cuando intentamos evitar que una información sea conocida, ese retorno se puede convertir en un desastre para la reputación de la organización en cuestión.

El último ejemplo lo hemos tenido hace unas semanas con el intento por parte del Eliseo por tratar de ocultar unas imágenes del presidente francés en una escuela en la que se le ve con gesto simpático. Finalmente la instantánea se filtró y produjo el efecto contrario, lo que llamaremos efecto boomerang, apareciendo en las principales portadas de los diarios digitales europeos y con la consecuente mofa en redes sociales.

Esta acción supuso un error en la medición de riesgos que finalmente acabaron agravándose.

Lo que podría haber pasado simplemente como una fotografía sin más comentarios, más allá de la cara de Francois Hollande, se convirtió en tema de debate sobre la libertad de expresión y el derecho a la información. Este es un punto interesante, porque los gobiernos e instituciones públicas deberían ser conscientes de que están más expuestos que las grandes corporaciones en tanto en cuanto se deben a los ciudadanos. Es por esto que, probablemente, si el protagonista de esta historia hubiese sido un alto directivo, el asunto no hubiese pasado a mayores.

Como se suele decir, en ocasiones el ‘remedio es peor que la enfermedad’ en este caso, la mala gestión y el intento de ‘tapar’ en cierto modo esta instantánea, ha supuesto un mayor desgaste y una mayor visibilidad. El retorno del boomerang a sido más doloroso de lo que se esperaba. Lo que se pretendía fuese un alejamiento respecto al problema, ha supuesto, finalmente, un agravante. Sólo queda aprender.

One thought on “El efecto boomerang en comunicación

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